Augusto Cruz García-Mora es esencialmente guionista y crítico de cine, pertenece a la Sección de Autores y Adaptadores de Cine de México, la Asociación Española de Historiadores de Cine, la Associació Catalana de Crítics i Escritptors Cinematogrâfics y la Federación Internacional de Prensa Cinematográfica (FIPRESCI); en 2014 publicó Londres después de medianoche, donde además de su conocimiento del séptimo arte, muestra su gusto por el género negro; por eso decidimos interrogarlo al respecto.

 

¿Cómo fue tu primer encuentro con la novela negra?

Fueron dos: uno, a los doce años cuando encontré una edición de Clásicos Ilustrados de Editorial Novaro de Las aventuras de Sherlock Holmes, si bien eran historias condensadas, desde ese primer momento la fascinación por lo deductivo pero también por el misterio marcaron mis lecturas. El segundo, también a los doce años, cuando en casa de una tía descubrí la colección completa (más de cien títulos) de editorial Molino con las novelas de Agatha Christie. Así que cada semana iba pidiendo un libro prestado para leerlo, con la esperanza de trasladar poco a poco la colección completa a mi casa, algo que no recuerdo si logré.

¿Qué autor de novela negra consideras indispensable?

Raymond Chandler. Su mezcla de soledad, idealismo, cinismo, sentido particular de la justicia, los códigos de su detective en medio de un mundo amoral y confuso me llamaron la atención desde mi primera lectura. Chandler no se vislumbraba como un escritor de novelas policíacas, sino como un escritor que escribía novelas policíacas. Considero que esa diferencia fue fundamental para reconocerlo como uno de  los primeros autores que hicieron literatura con la novela policíaca.

¿De qué escritor has leído más libros?

Paco Ignacio Taibo II. Hice doce horas en camión para perseguir a PIT II en la Feria del Libro de Guadalajara en 1991, de hecho, mi primer artículo publicado (en el mismo periódico de la Feria) se tituló: Paco Ignacio Taibo II en 456 palabras. Veintiún años después me reencontré con Paco Ignacio en la misma Feria del Libro no para que me firmara un libro, sino para entregarle mi primera novela policíaca de la que es parcialmente culpable de su existencia.

¿Cuál te parece el mejor detective de todos los tiempos y por qué?

Philip Marlowe, sin duda. Su sentido de la justicia, su código personal, su visión crítica de la sociedad en la que tiene que interactuar, así como su melancolía, lo convierten en uno de los detectives mejor construidos de la literatura del género, alguien que por veinte dólares diarios más los gastos explora los abismos de sus clientes.

De todos los criminales literarios conocidos, ¿cuál te parece el mejor construido?

Jacko Vance, el personaje creado por Val McDermid inspirado en Jimmy Saville.

¿Qué debe tener una novela negra para atraparte?

Sorpresa, a nivel narrativo, de técnica, personajes y situaciones. Un mundo lo bastante complejo y peligroso para merecer encontrar o crear –a golpes si es preciso- un espacio breve pero necesario para vivir en él con honor, desfachatez y dosis de ingenio.

Si la novela negra fuera un automóvil, ¿qué modelo sería?

Un De Soto 1958. Innovador(a) en su momento, clásico(a) con paso del tiempo.

Y si fuera una bebida…

Una refrescante agua de jobito/jovito (spondias mombin), acidulada, dulce, rasposa, estacional, a la que como a la vida hay que quitarle los gusanos antes de preparar algo que sea bebible y disfrutable.

Una ciudad…

Xilitla. Una mezcla de pueblo tradicional oculto tras lo selvático, rodeado de remansos, cascadas, ríos rápidos que aún los cocodrilos temen, un aire surrealista de mundo perdido y una veta espectral de que entrando en sus límites todo será sobrenatural.

Si tú fueras una novela negra, ¿cual sería tu título?

Cuando los coleccionistas dominaban la tierra.

¿Qué te motiva a escribir novela negra?

Explicar desde el punto de vista negro/criminal/policíaco/ la lucha diaria -desigual y personal- del ser humano contra fuerzas superiores que pretenden controlarlo, vía el miedo, la amenaza, el uso/abuso del poder y la impunidad.

¿Cómo eliges el crimen que quieres contar?

Más que el crimen, me interesa elegir el desajuste que hace que surjan las historias. Este desajuste que altera equilibrio y cimientos, lo identifico como una pérdida o un hallazgo que trastoca ese espacio antes inalterable. Me interesan aquellos desajustes que llevan al olvido/pérdida: de personas, objetos, ciudades, relaciones. La condición irrecuperable del olvido implica a mí entender una suerte de crimen contra el que es preciso luchar, y en donde, como la máxima para el detective: nada está perdido si se le puede encontrar buscándolo.

¿Qué peso tiene el concepto de impunidad en tu obra?

Justicia e impunidad son dos caras de una misma moneda, que desafortunadamente en estos tiempos parece estar cargada hacia el lado más oscuro de la moneda. El concepto de justicia absoluta, por desgracia, es inalcanzable en el mundo cotidiano, y eso permea de cierta manera la narrativa policíaca. La impunidad es una lucha desigual y destinada a perderse en la mayoría de las veces. Lo que podemos obtener, tras un largo esfuerzo, es una suerte de justicia personal, territorial, momentánea pero de futuro frágil e incierto.

¿Dónde ocurren tus historias y cuál es el peso del lugar en ellas?

Nueva York, Los Ángeles, Xilitla, Hitchcock (Texas), Falfurrias (Texas), Tampico, Xilitla, un bosque en Estados Unidos habilitado como estación de paso para los ilegales, etc. El lugar es tan importante como la representación literaria que el autor consigue de ese espacio. A diferencia del siglo XVIII donde poca gente podía conocer las capitales del mundo, las redes sociales nos permiten visitar metrópolis que antes eran una estampa en un libro. El reto del autor con los lugares que eligen para sus historias no es describirnos geográficamente (París o Madrid), pues el lector mal a bien tiene una idea de esos lugares, sino que está en encontrar ese pequeño lugar, calle, casa, callejón, grieta en el cristal o sucio puesto de revistas que, tratado literariamente puede describir una ciudad, un estado de ánimo, un entorno susceptible de ser escenario de una novela. No es preciso conocer París con un mapa, sino identificar el olor y el sentido de una calle en específico que funcione para nuestros propósitos literarios.

Cuando describí la violencia en Tamaulipas durante la escritura de mi novela, y estaba próxima su publicación, la situación de inseguridad disminuyó a tal grado que me hizo cuestionar si esa ciudad que describí existía actualmente, y si mi papel como narrador veraz se veía afectado por contar algo que ya no acontecía. Sin embargo, considero que es un compromiso narrar las ciudades y los lugares en el momento justo que nos toca vivirlas, literaria o personalmente; de no hacerlo, sería una forma de parcializar la realidad y acercarse a la exactitud de la mentira. 

¿Crees en los finales felices?

Más que finales felices, creo en las victorias momentáneas en la novela negra. En restaurar el frágil orden de manera breve, pero lo suficiente para ganar otro día más de vida y un poco de dinero y espacio para continuar en el sendero. En cada novela, el detective restaura el equilibrio de un castillo de naipes hasta el siguiente caso.


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