La dramaturga, narradora y cantante de jazz, Tatiana Goransky (Buenos Aires, 1977), autora de la novela ¿Quién mató a la cantante de jazz? (Tantalia, 2008), responde el interrogatorio de Acapulco Noir y nos revela las claves de su complicidad con el género negro.

 

 

¿Cómo fue tu primer encuentro con la novela negra?

De chica, con Agatha Chrisitie y sus novelas de enigma.

 

¿Qué autor de novela negra consideras indispensable?

Shakespeare, lo tiene todo.

 

¿De qué escritor has leído más libros?

No estoy segura, no llevo la cuenta. Desde chica que leo sin un plan. Salvo en las épocas de estudio, investigación o trabajo, trato de no dejarme llevar por un canon de lecturas obligatorias. Si pierdo el placer de la lectura, pierdo demasiado de lo que me hace feliz. Así que ahí voy, leyendo todo lo que me da curiosidad, sin autocensura.

 

¿Cuál te parece el mejor detective de todos los tiempos y por qué?

Siempre voy a decir Sherlock Holmes. Tal vez porque de niña me costaba tanto identificarme pero no podía dejar de querer entenderlo. Quería ser él y quería ser Watson, pero no había manera. Ese esfuerzo para poder ponerme en sus zapatos, esa búsqueda imposible de empatía se homologaba a los misterios que él tenía que resolver. Ahora a mi hija le pasa lo mismo. Por eso agradezco que lo sigan reinventando en el cine y la televisión.

 

De todos los criminales literarios conocidos, ¿cuál te parece el mejor construido?

Lady Macbeth, no tiene competencia.

 

¿Qué debe tener una novela negra para atraparte?

Tiene que alejarse de los tratamientos comunes. Entiendo que hay temas que están muy a mano, entiendo que todo es político, entiendo que estamos atravesados por nuestro tiempo y nuestra historia, pero no entiendo los tratamientos comunes de los lugares comunes. Eso me desalienta. Me desalienta el escritor que piensa que con un tema candente alcanza para hacer un buen libro. El tema no alcanza.

 

Si la novela negra fuera un automóvil, ¿qué modelo sería?

Un modelo que no sea de fiar, que siempre esté al borde del colapso, que haga estallar por los aires nuestra idea de seguridad, que nos ponga a pensar en maneras ingeniosas de arreglarlo si se queda en plena ruta. Ese modelo. Aunque no sepa decir cuál es, soy pésima con las marcas.

 

Y si fuera una bebida…

Lo obvio sería el Bourbon pero yo creo que, por ser argentina, mi novela negra está escrita con vino tinto sanjuanino.

 

Una ciudad…

Cualquiera, sólo hace falta un motivo.

 

Si tú fueras una novela negra, ¿cual sería tu título?

No lo sé, pero sería una pregunta.

 

¿Qué te motiva a escribir novela negra?

Mis ganas de ensayar la fatalidad.

 

¿Cómo eliges el crimen que quieres contar?

Nunca arranco por el crimen, siempre pienso en los personajes.

 

¿Qué peso tiene el concepto de impunidad en tu obra?

Soy hija de mi país, en Argentina se dice que la culpa de todo la tiene la policía. Yo trato de alejarme de eso y sin embargo…

Creo que por eso no podemos poner a los policías en nuestros libros, si triunfan no son verosímiles y si no triunfan no son verosímiles. Nuestros héroes siempre tienden a ser gente común atrapada en situaciones extraordinarias. En resumen, nuestros héroes son superhéroes. La impunidad, la realidad de todos los días.

 

¿Dónde ocurren tus historias y cuál es el peso del lugar en ellas?

La milonga, una casa de barrio, un hotel de esquí, una ciudad jazzera, un triángulo amoroso que hace de país y ciudad. Porque los personajes también pueden construir territorio.

 

¿Crees en los finales felices?

Claro, si escribo novela negra para ensayar la fatalidad es porque la quiero lejos de mi vida cotidiana.


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