En la primavera de 1990 dos candidatos a la presidencia de Colombia fueron asesinados, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro, en un lapso de 33 días. Nahum Montt (Barrancabermeja, 1967) recrea, en El Eskimal y la Mariposa, este periodo oscuro de la historia colombiana y nos cuenta el otro lado de los hechos, el de los gatilleros al servicio del poder reclutados para asesinar y ser asesinados.

En una Bogotá siempre lluviosa acompañamos a Coyote, un escolta oficial involucrado en esos y otros atentados, en busca de Jerry, el elegido: porque es más importante, Coyote lo sabe, encontrar e incluso proteger al verdugo, que saber quién será la próxima víctima. Con Coyote como nuestro Virgilio nos adentramos en las entrañas de la ciudad, conocemos a sus brujos, sus pitonisas, sus traficantes, sus taxistas-luchadores enmascarados, también a los voceros del poder que desde las sombras señalan el hilo de la vida que debe ser cortado.

El Eskimal y la Mariposa, considerada por la crítica en su país como “una radiografía visceral y poética de la violencia colombiana de los años ochenta y noventa del siglo XX”, es también un retrato preciso de las motivaciones humanas que hay detrás de aquellos que jalan del gatillo, que vistos como seres humanos incapaces de cambiar su destino pueden resultarnos, incluso a nuestro pesar, entrañables.


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