Kike Ferrari, “escritor premiado de día, limpiador del subte de noche”, autor, entre otras novelas de Operación Bukowsky, Lo que no fue y Que de lejos parecen moscas, responde el interrogatorio de Acapulco Noir y nos revela algunas claves de su acercamiento al género negro.

 

¿Cómo fue tu primer encuentro con la novela negra?


Deberíamos hablar de género más que de novela. Fue con un libro, Cuentos de la Serie Negra, antologado y prologado por Ricardo Piglia. Tanto el libro como el prólogo, fundamentales en mi aproximación al género negro como lector.

¿Qué autor de novela negra consideras indispensable?

¿Uno? Puesto así, digamos Dashiell Hammett. El más impredecible, el más variado, el más vanguardista. El Faulkner del género negro.

¿De qué escritor has leído más libros?


Paco Taibo II. Unos cuarenta. Seguido por Simenon y Trotsky, creo. También Agatha Christie, a la que leí mucho de pibe y tiene un montón títulos. Y Salgari, claro.

¿Cuál te parece el mejor detective de todos los tiempos y por qué?

Aunque mis mejores amigos sean Carvalho y Archer, por mucho que quiera a Marlowe y a Burke, aunque podría reconocer a Maigret o a Belascorán Shayne si me los cruzara por la calle, el mejor detective, y quizá el más influyente personaje literario desde el Quijote, sigue siendo Sherlock Holmes.

De todos los criminales literarios conocidos, ¿cuál te parece el mejor construido?

Lou Ford (The Killer Inside Me) de Jim Thompson.

¿Qué debe tener una novela negra para atraparte?

Lo mismo que casi cualquier otra novela: Una historia que contar, buenos personajes y un trabajo interesante sobre el lenguaje. La diferencia es que el tema y el trasfondo será criminal. Pero eso es todo. No le pido a una novela negra menos, pero tampoco más que al resto de la literatura.

Si la novela negra fuera un automóvil, ¿qué modelo sería?

Un Thunderbird. Un Crown Victoria. Cualquier auto americano enorme con lugar para un par de muertos en el maletero.

Y si fuera una bebida…

Bourbon, sin duda.

Una ciudad…


Esa es difícil. Para mí, Buenos Aires. Pero claro que en mi imaginario decir Buenos Aires y Ciudad es una misma cosa.

Si tú fueras una novela negra, ¿cual sería tu título?

El infierno tan temido.

¿Qué te motiva a escribir novela negra?

La novela negra nos da un montón de posibilidades. Nos permite contarnos el mundo en el que vivimos de una manera lateral: en el capitalismo tardío contar un crimen, cualquier crimen, es contar esta sociedad criminal. Pero además una narrativa del crimen implica poner a los personajes ante situaciones extremas, muchas veces haciendo o padeciendo cosas monstruosas, lo que nos permite mirar a la cara a nuestros propios monstruos. Y también es gran medio para trabajar sobre los usos del lenguaje.

¿Cómo eliges el crimen que quieres contar?

Depende de la historia y de los personajes. No suelo empezar por el crimen. Aunque  me interesan mucho los asesinatos por encargo.

¿Qué peso tiene el concepto de impunidad en tu obra?


Muchísimo. Y no podría ser de otra manera: la impunidad -de los poderosos, del capital y de sus perros guardianes- ha sido un tema central en la agenda de mi país en los últimos 30 años.

¿Dónde ocurren tus historias y cuál es el peso del lugar en ellas?

Mi primera novela transcurre en Los Ángeles y en Buenos Aires. La segunda en  Barcelona, durante los hechos de mayo del 37, y en Buenos Aires. Punto ciego, que escribimos con Juan Mattio, y Que de lejos parecen moscas en Buenos Aires y sus alrededores. Mi próxima novela sucede casi íntegramente en el DF pero también un poco en Buenos Aires.

¿Crees en los finales felices? 

En una historia negra -crímenes, traiciones, violencia- es muy difícil que haya un final feliz, aunque ganen “los buenos”. Y en general, si seguimos la historia un poco más allá del punto final que haya decidido el autor, a todos nos esperan la muerte y el olvido.


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