El escritor colombiano Mario Mendoza, ganador del Premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral, España, con Satanás, 2002; y finalista del Dashiell Hammett en la Semana Negra de Gijón con la novela Buda Blues, 2010; confiesa en este interrogatorio los motivos de su ya larga relación con el género negro.

 

¿Cómo fue tu primer encuentro con la novela negra?

Edgar Allan Poe, en el colegio, muy joven. Sus ambientes melancólicos y sus personajes trastornados me fascinaron desde un comienzo.

¿Qué autor de novela negra consideras indispensable?

A Poe, justamente, porque crea esa atmósfera siniestra y dolorosa que será la clave de allí en adelante para la novela negra hasta nuestros días.

¿De qué escritor has leído más libros?

De Paco Ignacio Taibo II. Su fuerza, su retrato de una América Latina profunda y marginal, me parecen fascinantes.

¿Cuál te parece el mejor detective de todos los tiempos y por qué?

Pepe Carvalho, de Manuel Vázquez Montalbán. Hay algo en la desolación de este personaje, una especie de condenado irredento que no tiene salvación alguna, que lo hace tan parecido a nosotros en nuestros peores momentos.

De todos los criminales literarios conocidos, ¿cuál te parece el mejor construido?

El asesino de Plenilunio, de Antonio Muñoz Molina. Un don nadie que trabaja en una pescadería, un anónimo, un hombrecito miserable del montón que sin embargo está poseído por un frenesí que lo transforma en un demonio imparable.

¿Qué debe tener una novela negra para atraparte?

Un buen ritmo, un pulso narrativo que no se detenga en ningún momento.

Si la novela negra fuera un automóvil, ¿qué modelo sería?

El batimóvil.

Y si fuera una bebida…

Absenta.

Una ciudad…

Bogotá.

Si tú fueras una novela negra, ¿cual sería tu título?

Escribe para no morir.

¿Qué te motiva a escribir novela negra?

Que la zona de sombra es cada vez más grande y significativa.

¿Cómo eliges el crimen que quieres contar?

De manera irracional. Se impone, me persigue, me obsesiona, hasta que no tengo otra manera de quitármelo de encima que escribiéndolo.

¿Qué peso tiene el concepto de impunidad en tu obra?

Todo. En nuestros países siempre ganan los malos.

¿Dónde ocurren tus historias y cual es el peso del lugar en ellas?

En Bogotá, una ciudad apocalíptica, conventual, fría, de cielo cerrado y gris, en la que llueve con frecuencia. El clima es proporcional a mis personajes.

¿Crees en los finales felices?

Jamás. Hay algo inmoral en vender esperanza enlatada para incautos.

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