El periodista Roberto Bardini reside en México desde 1976, con estadías como corresponsal en Costa Rica, Belice, Honduras, Nicaragua, Brasil, su natal Argentina y Estados Unidos, en la frontera Tijuana-San Diego. Cuenta en su haber con trece libros de periodismo de investigación e historia reciente. En 2016 ganó el Premio LIPP la Brasserie con Un gato en el Caribe, su primera novela. Aquí nos confiesa cuál es su relación con el género negro.

¿Cómo fue tu primer encuentro con la novela negra?

A los 14 o 15 años, con lo peor del género y los estereotipos más trillados, conservadores, violentos, machistas y misóginos: Mickey Spillane y su detective Mike Hammer.

¿Qué autor de novela negra consideras indispensable?

Raymond Chandler.

¿De qué escritor has leído más libros?

Son dos: Chandler y Dashiell Hammett.

¿Cuál te parece el mejor detective de todos los tiempos y por qué?

Philip Marlowe, por su ética personal, sus estrictos códigos de honor, su particular sentido de la justicia… y porque en el fondo es un perdedor, pero puede convivir con ello.

De todos los criminales literarios conocidos, ¿cuál te parece el mejor construido?

Hannibal Lecter, de Thomas Harris.  E incluyo dos de historieta: Boogie, el aceitoso, de Roberto Fontanarrosa, y Alack Sinner, de Carlos Sampayo y José Muñoz.

¿Qué debe tener una novela negra para atraparte?

Personajes atractivos, una historia que te “enganche” desde el comienzo y acción, mucha acción.

Si la novela negra fuera un automóvil, ¿qué modelo sería?

Un BMW, pero viejo y destartalado.

Y si fuera una bebida…

Whisky.

Una ciudad…

Cualquiera. Antes se pensaba en Los Ángeles, San Francisco, Chicago o Nueva York. Hoy pueden ser Estocolmo, Oslo, Copenhague o Viena. Salvo algunas islas paradisíacas del Pacífico, el mundo es una gran novela negra

Si tú fueras una novela negra, ¿cuál sería tu título?

Réquiem por un reportero.

¿Qué te motiva a escribir novela negra?

La convicción de que, junto con el periodismo de investigación, es una de las mejores herramientas para describir la realidad… aunque sea parcialmente, en retazos. Y, al mismo tiempo, entretener.

¿Cómo eliges el crimen que quieres contar?

Es lo primero que elijo, junto con el posible final. Después viene el desarrollo, con cambios, marchas y contramarchas.

¿Qué peso tiene el concepto de impunidad en tu obra?

La impunidad es molesta y casi siempre indignante. Por eso intento que al menos en la ficción —porque en la vida real no sucede así— los culpables reciban su merecido

¿Dónde ocurren tus historias y cuál es el peso del lugar en ellas?

Creo que el lugar, junto con la historia y los personajes, es importante. En mi caso, mis dos novelas transcurren en escenarios parecidos: Belice, en el Caribe, y Coralito, una isla ficticia en el Océano Pacífico. Ambientes tropicales, con mar, playa y sol…, pero donde también desembarcan el crimen o cualquier otro delito.

¿Crees en los finales felices?

Sí, aunque paradójicamente Un gato en el Caribe, mi primera novela, no lo tiene y el protagonista asegura que “los finales felices no existen”. La segunda, Un hombre de ley, tiene un final más o menos feliz. El personaje principal, un policía corrupto, farsante y cínico, asegura que “tarde o temprano, la justicia triunfa. A la larga, los buenos siempre ganan. Y si en alguna ocasión no se puede ganar la lucha contra el crimen, hay que buscar un empate”.

Categorías: Entrevista

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