La escritora duranguense avecindada en Querétaro, Liliana Blum, autora de El monstruo pentápodo —una de las pocas novelas negras mexicanas escrita desde la perspectiva del criminal—, nos confiesa en este interrogatorio lo que la llevó a vincularse con este género al que nutre con sus propios miedos y obsesiones.

 

¿Cómo fue tu primer encuentro con la novela negra?

Crecí viendo a mi mamá devorar todos libros de Ágatha Christie y jugando con los tres perros de mi abuelo materno, el Dick, el Tracy y el Sherlock.

¿Qué autor de novela negra consideras indispensable?

Es una de esas preguntas difíciles, no sólo porque mis lecturas dentro del género no son numerosas; diría que por tradición podría ser Agatha Christie. Pero en realidad no creo que existan autores indispensables. Sí favoritos, pero no indispensables.

¿De qué escritor has leído más libros?

De Ágatha Christie, Sue Grafton, Thomas Harris y Stephen King.

¿Cuál te parece el mejor detective de todos los tiempos y por qué?

Mi experiencia lectora del género no es tan grande como quisiera, pero quedé prendada de Jan Fabel, el detective de Craig Russel en The ghosts of Altona. Me parece un personaje muy atractivo porque es casi un antihéroe, lleno de dudas. Sus relaciones familiares y personales no son las mejores, pero al mismo tiempo es brillante.

De todos los criminales literarios conocidos, ¿cuál te parece el mejor construido?

Hannibal Lecter, sin duda.

¿Qué debe tener una novela negra para atraparte?

En primer lugar, tiene que tener crimen que me resulte interesante (por lo general me llaman más los crímenes producto de una mente más o menos enferma, que el simple crimen que busca un beneficio económico o cumplir una orden/comisión). En segundo lugar, necesito personajes redondos, con profundidad, complejos. Una simple trama no puede atraparme si los personajes están mal construidos.

Si la novela negra fuera un automóvil, ¿qué modelo sería?

Un Studebaker blanco, modelo 1974.

Y si fuera una bebida…

Un whisky con hielo.

Una ciudad…

Cualquier pueblo pequeño, cerca de un bosque.

Si tú fueras una novela negra, ¿cual sería tu título?

Las pelirrojas no tienen alma.

¿Qué te motiva a escribir novela negra?

Siempre me ha intrigado la naturaleza humana y su tendencia a hacer el mal, a dañar a terceros. Me gusta explorar las motivaciones internas más oscuras de quien decide cometer un asesinato.

¿Cómo eliges el crimen que quieres contar?

Mis propios miedos y obsesiones son una buena guía.

¿Qué peso tiene el concepto de impunidad en tu obra?

En el caso de mi novela, el criminal no sale impune, gracias a la acción de otro personaje. Puede decirse incluso que hay un poco de redención en mi novela.

¿Dónde ocurren tus historias y cual es el peso del lugar en ellas?

Mi experiencia en el género no es muy amplia. Aunque mi novela puede calificarse como negra, pues su protagonista es un pedófilo con características psicopáticas, nunca fue concebida como una novela negra. En este caso, la acción toma lugar en Durango, mi tierra natal. El peso del lugar en la trama es meramente nostálgico: la historia podría transcurrir en cualquier lugar y no cambiaría en absoluto.

¿Crees en los finales felices?

No, pero sí en los finales que se resuelven de manera satisfactoria, al menos desde algún punto.

Categorías: Entrevista

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