El creador del detective Malasuerte, Hilario Peña, ha escrito seis libros, entre ellos la novela policiaca Juan Tres Dieciséis. Con el western Un pueblo llamado redención obtuvo en 2016 el premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero. Vive en Tijuana, ciudad a la que llegó para trabajar como ingeniero y donde se convirtió en escritor, y desde esa frontera nos contesta este interrogatorio sobre sus vínculos con el género negro.

¿Cómo fue tu primer encuentro con la novela negra?

Fue durante la moda del realismo sucio, allá por los noventas. Yo seguía leyendo novelas de aventuras, decimonónicas, sobre todo. Chandler fue el paso lógico, después de Conan Doyle.

¿Qué autor de novela negra consideras indispensable?

Dashiell Hammett.

¿De qué escritor has leído más libros?

De Jim Thompson.

¿Cuál te parece el mejor detective de todos los tiempos y por qué?

Philip Marlowe, porque es la quintaescencia del detective solitario, por el tipo de individualismo caballeresco que representa.

De todos los criminales literarios conocidos, ¿cuál te parece el mejor construido?

No sé si es el mejor construido pero siento una simpatía especial por Frank Chambers, de El cartero siempre llama dos veces.

¿Qué debe tener una novela negra para atraparte?

No estar protagonizada por ningún tipo de intelectual “tira netas”, llámese periodista, profesor de literatura o escritor, sino por una persona de acción; ser fiel a la prosa hardboiled, con su debida estilización en los diálogos, ya que esto habla de sofisticación, de conocimiento del género; buenas dosis de misterio y de humor nunca están de más, y, de preferencia, una idea respaldándolo todo.

Si la novela negra fuera un automóvil, ¿qué modelo sería?

Un Packard de los treinta. Coupe, porque el detective no tiene familia. Con uno de esos estribos amplios donde solían viajar los artistas de la Tommy gun, listos para apretar el gatillo.

Y si fuera una bebida…

Para una noche calurosa, un escocés, no demasiado caro, con los hielos apenas derritiéndose en el old fashioned. Si está haciendo frío, derecho.

Una ciudad…

Una con playa, de preferencia. Detrás del aparente hedonismo propio de los puertos siempre existen demonios ocultos.

Si tú fueras una novela negra, ¿cuál sería tu título?

El Gran Quiénsabe

¿Qué te motiva a escribir novela negra?

Nunca he escrito el libro que quiero escribir, por capricho, sino el que quiero leer. Hay una gran diferencia entre ambas cosas. Lo primero se presta al onanismo. Al optar por lo segundo intento crear un producto de consumo, nada más. Como los que adquieres al ir a la carnicería o a la tienda de discos. Entiendo que ahora es una moda, pero cuando empecé a escribir novela negra no había tantos libros inscritos en este género, por lo que me propuse hacer algo al respecto.

¿Cómo eliges el crimen que quieres contar?

Siempre me ha atraído la simpleza del crimen pasional. La trama siempre es la misma: súper hombre conoce a súper mujer, súper hombre mata por súper mujer. Este tipo de asesino anda en busca de una sola cosa, eso que todos buscamos pero nos andamos entre las ramas para conseguirlo: el gran revolcón antes de la muerte.

¿Qué peso tiene el concepto de impunidad en tu obra?

Los (anti)héroes de los libros que escribo la dan por un hecho y la usan a su favor, en lugar de ser víctimas de ella. En realidad son más víctimas de sus propios demonios que de su circunstancia.

¿Dónde ocurren tus historias y cual es el peso del lugar en ellas?

Me decanto por el mar y la llanura, por ello las novelas que escribo siempre están ambientadas en la costa o en la planicie. Como si la perfecta horizontalidad simbolizara la esperanza, o una promesa de libertad siempre presente.

¿Crees en los finales felices?

No. Tal vez llevo lo católico en mis genes porque siento que el pecador debe pagar por desafiar a Dios, lo cual no quiere decir que no haya valido la pena el desafío.

Categorías: Entrevista

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