Aunque oriundo de Ciudad Victoria, Tamaulipas, Paul Medrano lleva gran parte de su vida habitando el territorio guerrerense. Ha publicado Dos Caminos (UNAM, 2010), Flor de Capomo (Tierra Adentro, 2011) y Noches de yerba (Tarántula Dormida, 2011). En 2012 ganó el Segundo Concurso Novela Negra convocado por el Instituto Tamaulipeco de Cultura con Deudas de Fuego. Esta semana comparece ante nosotros para revelarnos su ya larga asociación con la narrativa policiaca y criminal. 

¿Cómo fue tu primer encuentro con la novela negra?

Con Tabaco para el puma, de Juan Hernández Luna. Yo era un chaval a finales de los 90. El desenfado y la gracia del narrador, me volaron la cabeza. Me gustaba leer, pero no sabía que algún día iba a escribir. Lo que sí supe es que quería leer más libros así. Creo que Juan debe ser revalorado, reeditado. No le hemos dado el lugar que merece como autor de policiaco.

¿Qué autor de novela negra consideras indispensable?

Chandler, por supuesto.

¿De qué escritor has leído más libros?

Jim Thompson.

¿Cuál te parece el mejor detective de todos los tiempos y por qué?

Marlowe. Porque a pesar del tiempo, su personalidad, su temple y sus ideales son muy parecidos a los nuestros. Casi todos los detectives, modernos y no tan modernos, apuntan hacia él. Es el arquetipo con más veladoras.

De todos los criminales literarios conocidos, ¿cuál te parece el mejor construido?

Frank Chambers, de la novela El cartero siempre llama dos veces,  de James M. Cain. Porque la novela, en realidad, es una confesión de lo que piensa, de lo que lo motiva a asesinar. La brevedad con que dibuja la mente y los actos de este personaje, me siguen deslumbrando cada que la releo.

¿Qué debe tener una novela negra para atraparte?

Humor.

Si la novela negra fuera un automóvil, ¿qué modelo sería?

Mustang: es el mismo modelo, solo se ha estilizado. Sin embargo, lo reconoces de inmediato, incluso entre miles.

Y si fuera una bebida…

whisky en las rocas.

Una ciudad…

La que sea; incluso, cualquier pueblo.

Si tú fueras una novela negra, ¿cual sería tu título?

Hijo de la ira.

¿Qué te motiva a escribir novela negra?

Motivarme en términos lógicos, nada. Escribir es un acto contra toda lógica: es tedioso, cansado y hasta cierto punto, dañino para la salud. Sin embargo, lo que me anima, es la diversión. Es divertido construir calles, poner y quitar vehículos. Es divertido agregar toques políticos, sociales o sexuales que en la vida real son imposibles. Lo más divertido es que alguien, alguna vez, también se divierta.

¿Cómo eliges el crimen que quieres contar?

La prensa es una fuente inagotable de inspiración criminal, desafortunadamente.

¿Qué peso tiene el concepto de impunidad en tu obra?

El mismo peso que tiene en la realidad. La literatura no puede resolver problemas que no tienen solución en la vida real. No puedes echar a andar un sistema judicial que está podrido porque el lector te aventará el libro en la cara. La impunidad es un personaje y un personaje importante, decisivo. Y como tal hay que tratarlo.

¿Dónde ocurren tus historias y cual es el peso del lugar en ellas?

Nunca he sido meticuloso con el espacio. Casi toda mi obra transcurre en ciudades ficticias, eso sí, muy parecidas a sitios reales.

¿Crees en los finales felices?

En un país como México, que no creemos en nada, es comprensible que no creamos en los finales felices. Es realidad, ni siquiera creemos que en los finales.

Categorías: Entrevista

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *