En esta ocasión interrogamos a Francisco Haghenbeck, un prófugo de la arquitectura que tras huir a Puerto Vallarta creó la saga del detective Sunny Pascal, con cuya primera aventura, Trago Amargo, ganó el premio Vuelta de Tuerca. Como escritor ha sido traducido a 18 idiomas en más de 24 países, ha incursionado en distintos géneros, desde el cómic hasta la novela histórica porque, dice, siempre está tratando de escribir el libro que en ese instante le gustaría leer.

¿Cómo fue tu primer encuentro con la novela negra?

Mi primer amor fue Sherlock Holmes, de Sir Arthur Conan Doyle. Leí la colección entera a los 12 años. No una, si no varias veces. Desde el inicio sentí una extraña atracción con ese hombre anti social que mantenía una extraña relación con su entorno, buscando la verdad a través de la razón. Sin embargo, fue hasta la universidad que comprendí lo que era “Noir” al leer El sueño Eterno de Raymond Chandler.

¿Qué autor de novela negra consideras indispensable?

No puede existir solo uno ya que el mismo género se bifurca en varios estilos. Pero es importante resaltar los dos padres, Raymond Chandler y Hammett, quienes crearon la forma y el lenguaje. Sin embargo nombres como Patricia Highsmith, Paco Ignacio Taibo II, Chesterton o Chester Himes fueron introduciendo nuevos giros y niveles.

¿De qué escritor has leído más libros?

Todos los de Raymond Chandler, todos los de Hammett (que son pocos), todos los de John Connolly, todos los de Paco Taibo… Si tomo un autor, no lo dejo. Incluso, sus obras menores.

¿Cuál te parece el mejor detective de todos los tiempos y por qué?

Cada personaje responde a un tiempo y un ambiente distinto: Holmes, con la herramienta de la razón y el intelecto, era perfecto para la época victoriana; Chandler con su sarcasmo, para la corrupción de la depresión; Mario Conde, para la realidad de Cuba… Y así.

De todos los criminales literarios conocidos, ¿cuál te parece el mejor construido?

Me encanta el doctor Hannibal Lecter de Thomas Harris por su distanciamiento a la moralidad y al mismo tiempo un gran conocimiento de la psique humano. Es la encarnación del súper hombre del que tanto hablaba Nietzsche.

¿Qué debe tener una novela negra para atraparte?

Un gran principio: una escena que se quede grabada, que te invite a seguir leyendo. No solo la parte visual, sino construida a través del lenguaje de manera excelsa para que uno quiera saber en qué termina la trama.

Si la novela negra fuera un automóvil, ¿qué modelo sería?

Es un Cadillac, viejo, de esos de los años cincuenta en su encarnación primaria, pero también de los setenta con su líneas duras que circulaban el las calles llenas de crimen. Color, negro.

Y si fuera una bebida…

Martini. La bebida preferida de Chandler, Hemingway y Bogart. Por siempre veremos a Marlowe detrás de un martini en un bar clandestino.

Una ciudad…

Cada ciudad posee su lado negro, cada una guarda sus esqueletos.

Si tú fueras una novela negra, ¿cual sería tu título?

Trago Amargo, sin  duda.

¿Qué te motiva a escribir novela negra?

No lo sé, quizás por eso sigo escribiéndola. Tal vez sea que es la mejor representante de los conflictos sociales del siglo XX y XI; tal vez que puedes meterte a la mente humana; tal vez por que simplemente es divertida.

¿Cómo eliges el crimen que quieres contar?

Siempre he pensado que el crimen en las novelas negras es solo un pretexto para crear todo ese universo. Puede ser una asesinato, una violación, un robo… Lo importante es lo que envuelve. ¿Por qué?¿Cómo?

¿Qué peso tiene el concepto de impunidad en tu obra?

La impunidad existe más en la realidad que en la ficción. Me gusta pensar que al menos en mis libros hay una especie de justicia retorcida, aunque no necesariamente la de la ley.

¿Dónde ocurren tus historias y cual es el peso del lugar en ellas?

Casi siempre en playas o ciudades lejanas. Es más importante que todas suceden en el pasado: escribo sobre el pasado, para entender el presente.

¿Crees en los finales felices?

Me gustaría pensar en los agridulces, como la vida.

Categorías: Entrevista

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